Itzcóatl, la cabeza de serpiente impresa en 3D con tierra y obsidiana

Itzcóatl fue el cuarto gobernante de México-Tenochtitlan, y su nombre significa en náhuatl «serpiente de obsidiana». Hoy también da nombre a una escultura impresa en 3D con tierra por el artista mexicano Alfredo Salazar-Caro, cofundador del Digital Museum of Digital Art (DiMoDA). La pieza, que se presentó en el Museo Anahuacalli de Ciudad de México, es el primer fragmento de una serpiente monumental cuyo cuerpo está todavía por llegar. Hablamos con su autor para conocer cómo se fabricó.
¿Qué es Itzcóatl?
Aunque lleva el nombre de un gobernante, la escultura parte de otra figura de la tradición mexica: la Xiuhcóatl, la serpiente de fuego. Salazar-Caro tomó un escaneo 3D de una representación de esta última y lo reinterpretó digitalmente hasta convertirlo en una pieza nueva, que él mismo sitúa entre la arqueología y la especulación.
La cabeza mide 1,70 metros de largo por 80 centímetros de alto y pesa 770 kilos. Para quien no esté familiarizado con la impresión 3D con tierra, esta técnica funciona depositando, capa a capa, una pasta húmeda a base de tierra y otros materiales naturales, que va secando y endureciéndose hasta formar el objeto. Es una tecnología que se usa sobre todo en arquitectura para construir muros y viviendas.
En este caso, la mezcla combina tierra oscura, arena volcánica, materia carbonizada y obsidiana, lo que da como resultado una superficie negra y rugosa que recuerda a la lava cuando se enfría.
Una serpiente volcánica en un museo de piedra volcánica
La elección del lugar no fue casual. El Anahuacalli fue diseñado por Diego Rivera, con la ayuda de Juan O’Gorman, para albergar su colección de arte prehispánico. El edificio se inspira en un teocalli, los templos-pirámide mesoamericanos, y está construido con piedra volcánica extraída del mismo terreno, procedente de la erupción del volcán Xitle. Una serpiente hecha de tierra y arena volcánica encuentra así un entorno a su medida: la pieza dialoga con la materia del propio museo.

Instalación de la obra Itzcóatl en el Museo Anahuacalli.
Fabricación de la obra
El proceso de Salazar-Caro arranca mucho antes de que la impresora se ponga en marcha. Su punto de partida es un archivo personal:
«Todo comienza con una biblioteca de escaneos 3D que llevo coleccionando desde hace varios años, en su mayoría de artefactos antiguos de origen mexica o «prehispánico»».
A partir de ahí, el flujo de trabajo sigue varias etapas:
Remezcla digital. El artista combina y transforma esos escaneos en programas de modelado 3D como Blender o Rhino para crear nuevas esculturas.
Formulación del material. Se estudia qué tierra usar según las condiciones del lugar donde estará la pieza: si debe resistir la lluvia, el calor, etc. Con esos requisitos se desarrolla una fórmula a medida.
Preparación para impresión. El modelo pasa por Grasshopper, una herramienta de diseño paramétrico, para generar el G-code, es decir, las instrucciones que le dicen a la máquina por dónde moverse y cuánto material depositar.
Impresión. La pieza se fabrica con una Crane WASP, una impresora de gran formato, en el laboratorio del colectivo mexicano SEED, en Ciudad de México.

Impresión 3D de Itzcóatl con una Crane WASP en el laboratorio de SEED.
Los retos
El primer desafío fue dar con la mezcla adecuada. La fórmula de Itzcóatl la desarrolló la arquitecta Lorane Belier, especialista en construcción con tierra, a partir de los requisitos iniciales del proyecto. Según Salazar-Caro, encontrar la fórmula correcta para una pieza así requiere todo un equipo de arquitectos y científicos.
El segundo reto fue el software. Una impresora de gran formato no funciona como una impresora 3D doméstica: generar el G-code exige una programación mucho más compleja. De esa parte se encargaron los diseñadores industriales y programadores Tony Gutiérrez Rangel y Leo Flores.
El tercero fue físico. La impresión de la cabeza duró tres días pero no por falta de velocidad:
«La impresión tardó tres días, no porque sea lenta, sino porque no podemos subir mucha altura cada día: las capas inferiores podrían aplastarse con el peso de las superiores».
Tecnología y saber ancestral
La elección del material responde a una convicción. Desde hace años, el trabajo de Salazar-Caro gira en torno a la relación entre el conocimiento antiguo y la tecnología. El artista sostiene que las culturas ancestrales tenían un entendimiento del equilibrio con la naturaleza que hoy hemos perdido, y que la tecnología puede ayudarnos a recuperarlo.
«Para mí, esta técnica de impresión 3D con tierra es un balance perfecto entre tecnología de vanguardia y técnicas ancestrales».
Para él, la crisis climática es el gran tema de nuestra época, el arte, una forma de ayudar al público a imaginar soluciones posibles a corto plazo. Construir con tierra, un material local y abundante, es una de ellas.

Detalle de las capas de tierra durante la impresión de Itzcóatl.
El cuerpo de la serpiente
Itzcóatl es solo una parte de un proyecto más grande. El artista y su equipo trabajan ya en el cuerpo completo de la serpiente, que se dará a conocer este año. Todavía están buscando el lugar adecuado para mostrarlo, pero Salazar-Caro adelanta hacia dónde va el proyecto:
«Será una intervención arquitectónica interactiva, pensada para que la gente pueda sentarse y disfrutar de un espacio público».
Si el primer fragmento ya pesa 770 kilos, el cuerpo completo promete llevar la impresión 3D con tierra a una escala todavía mayor. Estaremos atentos para contaros cómo sigue la historia.

Maqueta del proyecto final: un espacio público donde la gente podrá sentarse y disfrutar de la obra.
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*Créditos de todas las fotos: Alfredo Salazar-Caro












