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SLICE, pelotas de tenis usadas convertidas en zapatillas

El diseñador Soroosh Riazi Isfahani, estudiante del Royal College of Art y del Imperial College London, presentó este verano al James Dyson Award 2026 el proyecto SLICE. Un sistema para convertir pelotas de tenis desechadas en calzado. ¿El motivo? Cada año se fabrican entre 300 y 400 millones de pelotas de tenis y pádel en el mundo, y casi ninguna tiene una segunda vida.

Una pelota pierde presión en unas pocas partidas. Después empieza un viaje de ida al vertedero, donde puede tardar más de 400 años en degradarse. Solo se recicla en torno al 1%, porque el caucho, el adhesivo y el fieltro van pegados en capas y las plantas de reciclaje no consiguen separarlos de forma rentable. Un Grand Slam gasta cerca de 100.000 pelotas en dos semanas. Y lo poco que se recupera termina en productos de bajo valor, como material para suelos o juguetes para perros.

Isfahani comenzó triturando pelotas, mezclando el granulado con caucho natural y fabricando suelas. Funcionaba, pero consumía mucha energía y destruía justo lo que hacía interesante al material: la curvatura, el rebote y la unión entre caucho y fieltro. Así que cambió de estrategia. En lugar de deshacer la pelota, la corta.

Una guía impresa en 3D para cada corte

Cortar una pelota de tenis a mano y con precisión es más difícil de lo que parece. Es una esfera presurizada, no se apoya en ninguna cara plana, rueda y cede bajo la cuchilla.Para cortarla siempre igual, Isfahani imprimió en 3D sus propias guías de corte, unas piezas que inmovilizan la pelota y dividen su superficie en secciones exactas. Como existen antes como archivo digital que como objeto, adaptarlas a otra talla de zapato es cuestión de modificar el modelo y volver a imprimir. Lo mismo valdría para un modelo distinto o para las aplicaciones que el diseñador tiene en mente, como bolsos o accesorios deportivos.

 

De cada pelota salen bandas curvas y casquetes que se moldean sobre una horma, el molde con forma de pie sobre el que se construye cualquier zapato, y se cosen con cuerdas de raquetas al final de su vida útil. Sin calor y sin adhesivos químicos. El amarillo flúor, las costuras blancas y las marcas de desgaste quedan a la vista, una decisión estética inspirada en los bolsos Freitag, fabricados con lonas de camión.

Las guías impresas en 3D sujetan la pelota y definen el recorrido de la cuchilla.

Entre los planes del diseñador figuran modelos más complejos que combinan las piezas con recortes de piel, bolsos y accesorios deportivos, y un servicio personalizado con pelotas de un club o de un partido concreto.

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*Créditos de todas las fotos: Soroosh Riazi/The James Dyson Award

Carol S.

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